Mírame un momento.
Un instante.
Una hora.
Un verano.
Mírame, ¿quieres?
Mírame un rato y,
que duerman las nubes,
en sábanas de color de oro,
en el lecho de muerte del Sol.
Mírame, ¿quieres?
Soy ciego, verano mío. No puedo verte.
A perderte en un cuarto sombrío de mi memoria, me arriesgo.
No veo gloria.
No veo vida. Te veo, vida, inerte.
Mírame.
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